El sendero de tu destino

Ahora vos podés elegir cambiar tu destino y conocer cada paso antes de darlo.


Cuando nos comprendemos a nosotros mismos como almas evolucionando, aprendiendo de cada error cometido podemos realmente ser libres, ya sin temor al "pecado". "Pecado" significa "olvido". Si logramos comprender por qué olvidamos que somos Dios, entonces volveremos a sentir que siempre lo fuimos.

Todo Karma culmina con el Perdón. Cuando nos vemos ligados en una cadena kármica con otras personas, a quienes dañamos o nos dañan, hace falta que al menos uno de los implicados corte el cordón, con Amor. Perdonándose y perdonando al otro, comprendiendo el propósito real de la situación desde una perspectiva más elevada, la energía del mal se disipa y en lugar de generar más negatividad mutua, cortamos el círculo, y quedamos libres de ese karma. La otra persona sentirá la desconexión, sentirá el "corte" y reconocerá instintivamente, en un nivel celular, que ya no estamos dispuestos a seguir el juego. En consecuencia la relación se verá transformada. Los lazos con esa alma quedarán limpios. Ya no guardaremos respecto a ella ninguna deuda, y a partir de allí, lo que ocurra o deje de ocurrir dependerá de nuestra propia elección, más que nunca, pues ya no habrá un patrón a seguir, ya no habrá un "karma" tironeando de nuestros actos. Cada vez que un karma se diluye, sentimos una liberación inmensa, la satisfacción de haber alcanzado una meta, de habernos liberado de una garra invisible. Comenzamos a percibir cosas que nunca habíamos visto, a apreciar todo lo que aprendimos. Cuando esto suceda, sabremos que hemos alcanzado un nuevo Nivel de Conciencia. Gracias a esa relación Crecimos. Gracias a esas dificultades, superamos nuestro propio obstáculo interno. Gracias a esa persona, a esa dificultad, a ese dolor, hoy estamos más cerca del Verdadero Amor.

No hay un Dios que esté esperándonos para pesar nuestra alma y enviarnos al Cielo o al Infierno por lo que hayamos hecho. El único juicio al que nos enfrentaremos es el nuestro. Nuestro juicio será lo que haga que vivamos el Cielo o el Infierno, pero no al momento de desencarnar... ¿Sino aquí mismo! Así como nos juzguemos será la vida que nos demos, así como pensamos acerca de nosotros mismos, será la felicidad, la plenitud, la realización que nos permitamos tener, o la inseguridad, el sufrimiento y el "castigo" que nos propinemos. Ningún Dios fuera de nosotros puede saber si lo que hacemos está "bien o mal". No existe el "bien" y el "mal" para la percepción espiritual, sólo un camino que no existió antes de nosotros. Un sendero que nosotros construimos a nuestro antojo.

Dejemos de arrastrarnos suplicando el Perdón ajeno, el Perdón de Dios inexistente. Somos Dios. Si nosotros no nos perdónanos, él tampoco podrá hacerlo.

Perdonarse no es arrepentirse de lo hecho, ni confesarlo, ni purgarlo con una buena acción posterior. Perdonarse verdaderamente, es reconocer que siempre obramos bien. Obramos según nuestro Derecho Divino y nuestra Libre Elección. ¿Lo hicimos con mala intención, equivocados, confundidos? Tal vez, pero con el propósito espiritual de aprender... a final: APRENDEMOS. ¿No?

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