El sendero de tu destino

Ahora vos podés elegir cambiar tu destino y conocer cada paso antes de darlo.


Este gran médium hace énfasis en conocerse a uno mismo para conocer a Dios, para estar en sintonía con la fuerza creadora, para equilibrar el cuerpo físico, el cuerpo mental y el cuerpo espiritual. Muchos maestros han dicho que la clave está en mirar dentro de uno, solo es eso. Pero ¿Qué significa mirar dentro de uno mismo? ¿Cómo puedo conocerme a mi mismo?
Siempre debemos saber que somos parte de una energía creadora de la cuál provenimos y nunca debemos perder el contacto con esta, en esencia somos energía. Si todos salimos de esa misma energía quiere decir que somos iguales. Entonces, que mejor que mirar a nuestros semejantes para conocernos a nosotros mismos. Las demás personas que nos rodean son el espejo en el cuál debemos reflejarnos si queremos ver quienes somos realmente. Cuales son nuestras potencialidades y debilidades. Los sentimientos y acciones, ya sean buenos o malos, de los demás hacia nosotros, no son más que el reflejo de esa parte positiva o negativa que mostramos hacia afuera. Pero el autoconocimiento no debe asociarse al cuerpo físico, sino al cuerpo espiritual y al cuerpo mental. Esto podría sintetizarse en la tesis que dice: “Lo semejante atrae lo semejante”.
La primera ley para Cayce es: “Lo semejante atrae a lo semejante”. Cuanto siembre recogerá. Cuanto coseche en su relación con los demás, dará pues sus frutos. Por lo tanto, la primera ley del autoconocimiento, de la autocomprensión, estriba en ser, en primer lugar, sincero con uno mismo para serlo con los demás. Solo así podrá recoger sus frutos. Y cuando haya encontrado el camino, muéstreselo a su hermano.
Esta acción de mirarnos en los demás para autoconocernos, que supone la idea de igualdad y unidad entre las personas es explicada en palabras de Cayce:
“Recuerde las leyes inalterables: Cuanto imponga a los demás le será impuesto a usted. Cuanto desee que los demás hagan por usted, hágalo usted por los demás. Aplique estas máximas en su ambiente familiar, laboral y en su entorno cotidiano. Sepa que las faltas que descubre en los demás son el reflejo de sus propias faltas. Sea con los demás tal y como desea que ellos sean con usted. Sepa que el espíritu con el que obra es el espíritu que le corresponderá. (1688-9)
Como conclusión Cayce nos propone: “Conózcase primero así mismo, busque dentro de su corazón. ¿Cuál es su propósito? ¿Satisfacer sus propios apetitos? ¿Satisfacer su propio deseo de poder, gloria, fama y fortuna? Todo esto, por experiencia y por el conocimiento que usted tiene de su ser más profundo, es superfluo y perecedero. Solo lo que es justo, hermoso y armónico, solo lo que emerge de la ternura, la fraternidad, el amor, la paciencia, la esperanza y la gratitud, perdura”.
Obremos entonces en consecuencia con una concordancia entre nuestros pensamientos, dichos y hechos, tratemos que eso que ven los demás en nosotros, que no es más que el propio reflejo de estos, sean cualidades cimentadas en el amor y no estén teñidas de ningún interés personal. Solo así lograremos la plena conciencia de la unidad entre nosotros.
Las citas de Edgar Cayce fueron tomadas del libro: “Edgar Cayce: Doce lecciones de espiritualidad” de Kevin J. Todeschi. En próximas notas seguiremos publicando y reflexionando sobre las demás lecciones de espiritualidad que nos dejo el profeta dormido. Lecciones, que por su gran claridad e incuestionable beneficio para todos sus seguidores podríamos calificarlas como máximas.

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